Dra. Penélope Gómez plantea transformar la atención del parto en República Dominicana
SANTIAGO. – La presidenta del Colegio Médico Dominicano (CMD) Filial Santiago, Dra. Penélope Gómez, planteó la necesidad de transformar el modelo de atención del parto en la República Dominicana, ante la elevada frecuencia de nacimientos por cesárea y los factores médicos, económicos, culturales y legales que, a su juicio, inciden en la decisión sobre la vía del nacimiento.
Gómez, quien habló desde su doble perspectiva de madre y profesional de la salud, consideró que el debate sobre las cesáreas debe abordarse con empatía y objetividad, sin buscar culpables entre médicos, pacientes o centros de salud.
La especialista reconoció que la cesárea constituye una herramienta fundamental de la medicina moderna y que puede ser determinante para preservar la vida de la madre y del recién nacido cuando existen indicaciones médicas. Sin embargo, señaló que el desafío está en analizar las circunstancias que han llevado a que este procedimiento tenga una presencia tan elevada en el sistema sanitario dominicano.
Presión sobre los médicos
De acuerdo con Gómez, los gineco-obstetras dominicanos desarrollan su labor bajo una considerable presión asistencial, especialmente en hospitales con alta demanda de servicios y salas de parto congestionadas.
A esto, agregó, se suma la llamada medicina defensiva, asociada al temor de algunos profesionales a enfrentar complicaciones y eventuales procesos judiciales.
En ese contexto, explicó, la cesárea puede percibirse como una alternativa que permite reducir los tiempos de atención y afrontar determinados riesgos en escenarios asistenciales complejos.
Educación y percepción de las familias
La presidenta del CMD Santiago también llamó la atención sobre el componente cultural del fenómeno.
Según planteó, algunas familias consideran que la cesárea es una opción más segura, moderna o menos dolorosa, mientras otras prefieren programar la fecha del nacimiento.
Gómez sostuvo que la ausencia o insuficiencia de programas de educación durante el embarazo puede contribuir a incrementar los temores relacionados con el parto vaginal y limitar la preparación de las madres para afrontar el proceso.
Propone revisar el sistema de pagos
La especialista consideró necesario revisar el modelo de remuneración de los servicios obstétricos.
Explicó que, en determinadas circunstancias, el sistema sanitario remunera un procedimiento quirúrgico que puede desarrollarse en un período relativamente corto, mientras que el parto vaginal puede requerir que el gineco-obstetra permanezca durante muchas horas acompañando la evolución de la paciente.
A su juicio, esta diferencia debe ser tomada en cuenta al momento de establecer los mecanismos de pago, de manera que la remuneración no genere incentivos económicos asociados a una determinada vía de nacimiento.
Tres medidas
Gómez propuso que la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril) evalúe tres medidas para modificar los incentivos existentes en el sistema.
Entre sus planteamientos figuran:
Establecer un honorario médico justo, digno e indexado para el parto vaginal, equiparable al correspondiente a la cesárea.
Crear un incentivo económico que reconozca el tiempo y la dedicación del obstetra durante el trabajo de parto.
Establecer estímulos para los centros de salud que logren resultados maternos y neonatales seguros mediante una adecuada priorización del parto vaginal cuando este sea clínicamente apropiado.
Incorporar enfermeras obstétricas
Como parte de su propuesta, la médica también planteó impulsar nuevamente en el país la formación y utilización de enfermeras obstétricas o matronas.
Gómez explicó que esta figura no tendría como propósito sustituir al gineco-obstetra, sino fortalecer el trabajo en equipo dentro de las maternidades.
Según su planteamiento, las profesionales especializadas podrían ofrecer acompañamiento continuo a las mujeres con embarazos de bajo riesgo durante el trabajo de parto, contribuyendo a humanizar la atención y a reducir la carga asistencial que enfrentan los médicos.
Esto, agregó, permitiría que los gineco-obstetras concentren mayores recursos y capacidad de respuesta en los embarazos de alto riesgo y en las emergencias obstétricas.
Un reto para todo el sistema
La presidenta del CMD Filial Santiago sostuvo que la transformación de la atención del parto requiere la participación coordinada de los profesionales de la salud, las autoridades, los centros asistenciales y las familias.
Consideró que una combinación de educación prenatal, condiciones laborales adecuadas para los médicos, participación de enfermeras especializadas y mecanismos de remuneración más equilibrados puede contribuir a mejorar la experiencia del nacimiento y la calidad de la atención materna.
“Transformar la manera en que nacen nuestros niños no es una tarea de un solo sector”, planteó Gómez, al llamar a construir un modelo en el que la seguridad médica, el acompañamiento humano y la dignidad de las madres sean elementos centrales de la atención obstétrica.

