Política

La ultraderecha alinea armas hacia República Dominicana

El panorama geopolítico de nuestro continente se ha visto envuelto en una serie continua de victorias de partidos y candidatos de derecha. Esto no se debe a simples cambios de gobierno; responde directamente a una decisión global de Estados Unidos de mantener su hegemonía y su intervencionismo en los demás países de América. Todo esto a causa del auge económico de China y de su superación y dominio del modelo globalista que el propio Estados Unidos creó. Cabe recalcar que estos cambios de gobierno no son fortuitos: son una construcción social y económica en las poblaciones, impulsada a través de los medios de comunicación masiva, que responden a los intereses de sus dueños y no al libre albedrío de la población.

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El gobierno de Luis Abinader no ha sido ajeno a esta política; estamos viendo cómo algunos lo catalogan como el gobierno más entreguista de los últimos años. Aunque por mucho tiempo se ha mantenido una relación estrecha con los intereses de los gobiernos en Washington, la actual gestión dominicana ha sido más sumisa ante los intereses hegemónicos de Estados Unidos. Esto se ve claramente en su incorporación al “Escudo de las Américas”, la iniciativa de Trump que sustituyó la Cumbre de las Américas que iba a celebrarse en nuestro país y que terminó siendo una reunión con los presidentes alineados a las políticas de Washington en el campo de golf privado del presidente Trump. No olvidemos que, a partir de esto, se extendió el permiso a Estados Unidos para utilizar nuestros aeropuertos y bases militares, aun después de que el Comando Sur notificara la culminación de la “misión en el Caribe contra el narcoterrorismo”.

En lo concerniente a la política exterior dominicana, la designación de Ito Bisonó como canciller de la República es una acción para continuar con los lineamientos de Washington y tener una mayor influencia dentro del Estado dominicano, a pesar de que el pasado canciller Roberto Álvarez era un político afín a Estados Unidos, pero con un perfil más reservado. Ito Bisonó, conservador y aliado cercano de gran parte de la ultraderecha latinoamericana, tiene una visión reaccionaria. Una de sus primeras acciones fue suscribir a República Dominicana en el Consenso de Ginebra sobre la “protección de la mujer y el fortalecimiento de la familia”, una iniciativa del presidenteTrump desde 2020, además del incentivo de más de 50 millones del Estado a la lucha contra el antisemitismo en República Dominicana.

Ahora las figuras predominantes de la política actual están tornando sus discursos hacia la derecha alineada con la política internacional impulsada por Estados Unidos, adoptando discursos populistas y oportunistas para generar ganancia proselitista. Y no solo la política tradicional se ve envuelta en esto; también vemos el auge de “outsiders”. El más destacado, debido a la plataforma digital que maneja, es Santiago Matías (Alofoke), quien, aunque no es la primera vez que participa en política —siempre cercano a partidos y candidatos tradicionales—, ahora lanza una plataforma política con los mismos discursos prefabricados de la derecha internacional, señalando que los problemas de la sociedad se solucionan con: reducción del Estado, mano dura contra la delincuencia y migración irregular, este último como uno de sus principales discursos de campaña.

Esto es una muestra de la falta de racionalidad al recurrir a soluciones pasionales para problemáticas estructurales intrínsecamente arraigadas en la sociedad; básicamente, dar una solución fácil y sencilla a un problema complejo. Este enfoque disruptivo con lo tradicional, pero con una perspectiva reaccionaria, es popular entre la gente por lo fáciles de digerir que resultan este tipo de campañas. Sociológicamente, la sociedad no se percibe como garante de la protección y resolución de sus conflictos, sino que atribuye esa responsabilidad al Estado-gobierno, y este tipo de campañas son efectivas porque muestran “supuestas soluciones” “rápidas y efectivas” a los problemas más complejos que los anteriores gobiernos nunca han podido solucionar.

Cabe destacar que este tipo de campañas basan sus propuestas en el odio y el uso indiscriminado de la violencia contra ciertos sectores. Esto es peligroso porque, cuando una parte de la sociedad observa y discrimina a otro sector hasta el punto de entenderque los derechos humanos no deberían aplicarse a esas personas, estamos ante el surgimiento de características fascistas dentro de la misma sociedad.

¿Hacia dónde debe dirigirse el contrapeso político de estas acciones? Lo primero es reconocer que las izquierdas y los progresismos han tenido un declive y que han tardado en entender las nuevas tecnologías de la comunicación masiva, que se han convertido en el epicentro de alineamiento social de las poblaciones respecto de las situaciones políticas de sus países y del resto del mundo. Algo que la derecha ha comprendido desde hace tiempo y el efecto que tiene sobre la gente. Pues las redes sociales más famosas hoy son empresas de capital privado que responden a intereses de esos capitales; son ellas las que controlan el algoritmo, y lo mismo ocurre con los medios tradicionales. Solo hay que preguntarse quiénes son los dueños y si el periodismo que hacen es parcial y a qué intereses económicos responde.

Luego de esta reflexión, corresponde un accionar: que los sectores alternativos, las izquierdas y los progresistas reconstruyan la línea discursiva actualizada al lenguaje del siglo XXI, pues los valores que promueven también se expresan en la sociedad, que no ha encontrado cómo conectar por un desfase en la forma de comunicarse. La izquierdaestá en un momento clave: la polarización política que vive la sociedad permite el crecimiento de ambas tendencias y deja de lado la política de paños tibios. Estados Unidos se está desgastando como imperio y eso se nota en la forma en que está aplicando sus políticas; tratará de mantenerse en el tablero mundial y ya no le importará guardar las formas para mantenerse.

Pero no todo está perdido. La historia no la escriben solo los poderosos ni los algoritmos: la escriben también los pueblos cuando recuperan la palabra, la organización y la esperanza. Frente al miedo, la exclusión y el odio, hay que oponer una narrativa de dignidad, derechos humanos, justicia social y soberanía. No basta con denunciar; hay que construir poder popular, comunicar con claridad y emoción, sembrar conciencia en los barrios, las escuelas, los centros de trabajo y las redes. La izquierda y los sectores alternativos tienen la tarea de volver a enamorar a una sociedad cansada, hablándole en su lengua, con propuestas concretas y con una ética inquebrantable. Si logramos unir la razón con la emoción, la crítica con la propuesta y la resistencia con la alegría, podremos disputar el sentido común y abrir una puerta a un futuro más justo. Porque ningún imperio, por poderoso que parezca, puede detener para siempre la fuerza de un pueblo que despierta.

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